10/11/2016 admin

El desafío de medir nuestra Economía Digital y establecer políticas públicas que generen un impacto para el desarrollo del país

Modern notebook computer with future technology media symbols

luz-maria-garciaALERTA  en la Industria Digital

El desafío de medir nuestra Economía Digital y establecer políticas públicas que generen un impacto para el desarrollo del país.

Luz María García

 

 


Desde que en los años ´80 Leif Edvinson comenzó a estudiar los factores que explican el valor de las empresas y sus estudios posteriores sobre la Riqueza de las Naciones ha quedado cada vez más en evidencia la relevancia del Capital Intangible o también denominado por algunos actores como Capital Intelectual. Su importancia radica en que existe una correlación directa entre el bienestar y la capacidad de generar riqueza de las Naciones y la Inversión en dichos Activos Intangibles. Los Principales Activos Intangibles corresponden a Capital Estratégicos, Capital Humano, Capital Relacional y Capital Organizacional, siendo el principal catalizador la Tecnología. Efectivamente, la economía de los Intangibles o del Conocimiento y la Experiencia se apoya y expande de la mano de la Economía Digital.

Por ello, será fundamental entonces, entender, caracterizar y medir “la economía digital de Chile” para entender nuestra posición relativa en el concierto de las naciones pero sobre todo entender y analizar los principales drivers que necesitamos gestionar para impulsar los intangibles clave que requieren los diferentes sectores económicos de forma tal de potenciar y expandir nuestra capacidad de generación de bienestar a los ciudadanos y riqueza para el país.

Chile ha avanzado considerablemente en la materia, al alero de algunas iniciativas impulsadas desde hace tiempo por el gobierno central. En efecto, la industria TI en el año 2013 habría superado un crecimiento de 10%. Lo anterior se potencia aún más con el desarrollo del sector telecomunicaciones que el año 2014 creció en un más un 5% en ingresos, en un entorno de baja actividad económica.

Además, existe la percepción general que Chile tiene un buen posicionamiento en las TIC. Sin embargo esto no ha sido un derrotero con una curva positiva creciente en los últimos 10 años, lo cual lleva a generar hipótesis de que el sector aún dista mucho de estar estructuralmente afianzado lo cual genera desafíos importantes que abordar.

Actualmente existen más estudios para Chile generados por instituciones extranjeras que nacionales (Cepal, ITU, OCDE, Katz, WEF, etc), con abundantes rankings, impacto en el PIB, en la generación de capital bruto, etc. El ICT Development Index (IDI) de la Organización Internacional de Telecomunicaciones, dependiente de las Naciones Unidas, muestra que Chile retrocedió 6 posiciones del 2007 al 2012 (ranking 48 al 54) y se perdieron dos posiciones más el 2013 llegando al lugar 56.

El informe de competitividad global del World Economic Forum (WEF), que clasifica a las economías en alguna de tres etapas de desarrollo: factores productivos, de eficiencia y de innovación; asocia el desarrollo país con 13 pilares, de los cuales uno de ellos es el “technological readiness”. Así, el WEF clasifica a Chile de una economía en transición desde la “eficiencia” hacia la “innovación”, midiendo su nivel de preparación tecnológica sobre la media (4,5 en escala de 1 a 7) según el desarrollo con las economías similares tales como Polonia, Rusia, Malasia y Brasil. Aquí Chile sólo ha mejorado dos lugares en su ranking en los dos últimos años llegando al lugar 42, tras haber retrocedido 11 posiciones del 2004 al 2012. También el WEF en el reporte Network Technologial Readiness (NRI), indicador de mucha popularidad en los países desarrollados, muestra que Chile perdió 6 posiciones en el ranking NRI durante el 2004 al 2013, y volvió a caer tres posiciones el año 2014, aunque superando a 8 países de la OECD y a todos los países de la región. Según cifras del Foro Económico Mundial, Chile obtuvo las posiciones más altas en participación ciudadana en gobierno electrónico (lugar 9), Impacto en nuevos servicios TIC y negocios (29), Gobierno Electrónico (16), uso de redes sociales (29).

Es evidente que para un entendimiento del sector TIC, diseño de política pública, y aprovechamiento de las oportunidades de su desarrollo es necesario el profundizar en las fuentes de creación de valor en sus respectivos componentes, algunos con mucho valor agregado (servicios) y el otro extremo muy poco valor agregado (por ejemplo el hardware que principalmente se importa). También es necesario utilizar un lenguaje común ya que la industria tiende a usar indistintamente los conceptos de ventas, inversión y gasto como sinónimos de creación de valor.

Otro aspecto relevante es que el sector TIC tiene poca diversificación en su creación de valor. Es sabido que en Chile los grandes demandantes de TIC son el retail, la banca, las compañías de telecomunicaciones y el gobierno. Y las brechas de absorción de demanda con otros sectores y otros tamaños de compañías o instituciones son importantes. Como ejemplo según la encuesta ELE un 19% de las empresas tiene página web, desde un 9% en las micro a un 75% en las grandes.

La brecha de información es abrumadora. El sector TI, que paradojalmente alude a la palabra información, no cuenta con un sistema de información del rigor de cuentas nacionales. A esto contribuye que es un sector económico relativamente reciente y transversal que no tiene una clasificación (CIIU) agrupada para su medición. Por ejemplo las ventas de dispositivos se incluyen en comercio y los servicios profesionales TI en servicios personales. Aunque otros sectores que apalancan transversalmente a la economía si poseen sus propias estadísticas como es el caso del transporte y la electricidad, el problema se agudiza en las TI por su naturaleza intangible y difícil de homologar de su producto final (incluso la energía se puede homologar en kW). Como resultado, los esfuerzos en medir la matriz insumo producto sectorial es costosa. El último trabajo de este tipo fue la cuenta satélite publicada el año 2006 con información del año 2004, que no tuvo el carácter censal y aun así tuvo un costo aproximado de cientos de millones de pesos. Más recientemente se cuenta con información de demanda de servicios TIC en la Tercera Encuesta Longitudinal de Empresas, del Ministerio de Economía, levantada en el periodo 2014-2015 y publicada el 2016. El problema de información se acentúa ya que existe una parte aún más desconocida de la generación de valor tecnológico que es la autogenerada por las propias empresas y que incluye el gobierno. Ellos son las unidades de I+D, las áreas de informática y comunicaciones y las áreas de desarrollos de productos tecnológicos de compañías que no están en el rubro.

Todo esto lleva a comprender con pragmatismo que la forma más inmediata de determinar el aporte económico del sector es mediante el análisis de la demanda, de otro modo habría que incursionar en la medición de una matriz insumo producto sectorial, cuyos recursos, tiempo y alcance no permitirían contar con la información en el corto plazo. Efectivamente el sector TIC es uno de los más complejos en términos de promiscuidad de relación de compras y ventas. Por ejemplo las relaciones intercompañías entre empresas de telecomunicaciones y/o TIC se estiman entre un 30% de los costos, y las empresas TI subcontratan gran parte de los servicios entre ellos mismos. Como consecuencia, se requiere una medición de oferta TIC.

Por último, también existen factores culturales de la propia industria tecnológica que dificultan un entendimiento con la demanda final de servicios tecnológicos. Los expertos TIC hablan de tercera plataforma, virtualización, servicios over the top (OTT), big data, cloud computing, ultra broadband, M2M, internet of things (o internet of everything). Los consumidores hablan de seguridad industrial, entretenimiento, eficiencia de sus procesos, gestión distribuida de procesos de misión crítica, gestión de la experiencia del cliente, e-learning y formación ejecutiva, simuladores y entrenamiento a distancia, entre otros. Así desde los gremios señalan que un impulso sectorial requiere un fortalecimiento de capital humano (más profesionales y mejor capacitados), la creación de un Ministerio de Ciencia y Tecnología”s”, mayores incentivos económicos a la inversión y desarrollo por parte del Estado. Desde la óptica de los consumidores la problemática tiene una solución más simple: servicios más asequibles, de menor precio, mayor cobertura y mejor calidad. Pese a todo, aun debemos hacer mucho más, para avanzar en este gran desafío,  y entender que la medición es un instrumento estratégico que nos permitan establecer políticas públicas que generen un real impacto, tanto para el sector TIC, pero aun más importantes, para el desarrollo país.