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Alumnos del siglo XXI, profesores formados el siglo XX, en salas de clases del siglo XIX. ¿De qué reforma de educación estamos hablando?

Tolerancia 0 Chilevisión

*** Link a segmento del Programa Tolerancia O

 

Por Mario Boada
Director Ejecutivo de Canal-i.cl

Como periodista quiero partir diciendo que la televisión fue el medio de comunicación más potente del siglo pasado y que Internet es el medio de comunicación más potente del siglo XXI.

También quiero agregar que la educación –y cualquier reforma al respecto que un país quiera realizar- es un asunto demasiado importante para dejarlo solamente en manos de expertos, políticos o profesores. La educación es un tema estratégico para el desarrollo de Chile, que requiere una amplia conversación y discusión a nivel nacional. Es una responsabilidad de Estado, que excede las posibilidades y capacidades de ejecución de un gobierno que cumple su gestión en un período de cuatro años.

Dicho lo anterior, quiero compartir algunas opiniones que explican las referencias a la educación, a la televisión y a Internet.

Hace 30 años tuve la posibilidad de escuchar al visionario de la educación, Seymour Papert, un prestigioso académico del Instituto Tecnológico de Massachusetts, en Cambridge, Estados Unidos.

La escena era una entrevista realizada por el periodista Hernán Olguín para el Programa “Mundo” de Canal 13 de Televisión. El entorno –a mediados de la década de los ‘80- era una sala de clases que más bien parecía un laboratorio de experimentos y de ejercicios creativos. La sala estaba llena de figuras formadas con piezas del juego Lego y con unos pequeños robots mecánicos llenos de lucecitas y diminutos motorcitos.  Había unos veinticinco niños, alumnos de enseñanza básica que estaban distribuidos en mesas circulares, agrupados en equipos de cinco alumnos, con una profesora que se desplazaba continuamente por la sala, preguntando y comentando a partir de lo que observaba del trabajo de cada grupo.

En esos años, cuando no existían los celulares, ni Google, ni Wikipedia, el profesor Papert nos dijo en la entrevista que la educación era un desafío, una experiencia, una vivencia de construcción de conocimiento. Le escuché hablar de aprender a estar conectados, de aprender a colaborar, de aprender a competir.

Treinta años después de esa entrevista en Estados Unidos, tuve la posibilidad de participar en una provocativa conversación con los panelistas del Programa Tolerancia 0 en Chilevisión, acompañado de Verónica Abud, una profesora básica, transformada  en activa gestora, promotora e innovadora de la educación con sentido, para el nuevo siglo que vivimos.

Durante cuarenta minutos de conversación revisamos los resultados de las pruebas SIMCE y su impacto efectivo como herramienta de evaluación. Más allá de las cifras y de las diversas explicaciones, acuerdos o  discrepancias, hay una conclusión muy clara. Los chilenos no aprendemos. O aprendemos poco. O aprendemos mal.  ¿Cómo se demuestra lo anterior? Muy simple.  Con el barómetro de la productividad. Después de muchos años de educación, pasando por toda las escalas, desde el aprendizaje en los niveles básico, medio, técnico y universitario, la aguja del marcador de calidad educativa (y de impacto real en la vida diaria) sigue pegada en los parámetros de hace muchas décadas.

Un dato. Los chilenos trabajamos tres horas para conseguir lo mismo que los noruegos logran en una hora. Eso  se traduce en jornadas laborales que en Chile son excesivamente largas y con un alto costo para la calidad de vida personal y familiar. Ni hablar de la comparación del aprovechamiento del tiempo para actividades recreacionales o culturales.

Otro dato interesante. La misma semana que conversamos en el panel de televisión, visitó Chile Andreas Schleicher, director de Educación de la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económico (OCDE), invitado a participar en foros y seminarios con profesores y especialistas en educación del  ámbito público y privado del país.

Después de escuchar las interesantes presentaciones y comentarios de Schleicher en Santiago, destaco dos mensajes que resumen la dimensión,  la importancia y las tareas pendientes  de nuestra educación en Chile.

Primero, lo que dijo el experto Papert hace tres décadas, lo confirmó el experto mundial de la OCDE. Tenemos que aprender a estar conectados, aprender a colaborar y aprender a competir.

Segundo, es muy importante asumir y resolver una inconsistencia estructural del sistema educativo. Tenemos alumnos del siglo XXI y profesores formados con metodologías del siglo XX enseñando en salas de clases del siglo XIX.

Lo anterior me deja una duda, que es tema para otra columna.

¿De qué reforma educacional estamos hablando?

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